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Diálogo de Cancilleres y de altas autoridades de América Latina y el Caribe sobre la recuperación económica pos-COVID-19 Trigésimo octavo período de sesiones de la CEPAL

Palabras de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

27 de octubre de 2020|Discurso

Palabras de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, en el Diálogo de Cancilleres y de altas autoridades de América Latina y el Caribe sobre la recuperación económica pos-COVID-19 Trigésimo octavo período de sesiones de la CEPAL

Lunes 26 de octubre, 2020

 

Muchas gracias Ministro Rodolfo Solano

Estimadas y estimados Ministros de Relaciones Exteriores y altas autoridades de los países de America Latina y el Caribe  

Amigas y amigos,

Estamos ante un verdadero cambio de época con desafíos globales tales como el cambio climático, la desigualdad, las crecientes asimetrías entre países desarrollados y en vías de desarrollo y hoy la pandemia.

Todo ello nos obliga a una transformación profunda que reconozca los vínculos entre la economía, la sociedad y medio ambiente y a una mayor cooperación multilateral global y regional.

Es un gran honor para mi brindar un breve panorama sobre la recuperación económica post COVID-19 para incentivar este importante Diálogo político de Cancilleres y de altas autoridades de América Latina y el Caribe.

La CEPAL recibe este diálogo con humildad y satisfacción. Creemos en el diálogo, en el intercambio de ideas, en la conversación que escucha y se deja persuadir por las opiniones de los otros,  estimulando avances en la construcción de ideas compartidas.

Quisiera reconocer ante ustedes el enorme esfuerzo desplegado por todos los gobiernos de la región en la contención del Covid 19 y enviar nuestras condolencias a las familias afectadas por esta pandemia.

Todos sin excepción, con aciertos y con errores superando dificultades e insuficiencias estructurales de nuestros sistemas de salud, han hecho del combate a la crisis sanitaria y de la mitigación de sus efectos económicos y sociales, la prioridad en sus agendas públicas.

Su presencia en este diálogo es testimonio de ese compromiso.

La pandemia ha hecho evidente, con inusual crudeza, las limitaciones del actual modelo de desarrollo que se expresan en una persistente trayectoria de bajo crecimiento, baja productividad, creciente desigualdad, insuficiente diversificación de exportaciones, poco espacio fiscal y deterioro ambiental creciente. Estas son las condicionantes que impiden satisfacer las crecientes demandas de la población.  

Habrá que recordar que los países de la región hicieron grandes esfuerzos entre 2002 y 2014 para reducir la pobreza y la desigualdad y los niveles de ingreso aumentaron en forma inportante.

Esto invita a una reflexión crítica sobre la estrategia de salida de la crisis, pues una senda exitosa no puede remitirse a volver a la situación preexistente.

Planteamos a su consideración la importancia de transformar los modelos de desarrollo hacia estilos más inclusivos y sostenibles, donde se garanticen condiciones de gobernabilidad y se alcance un equilibrio entre crecimiento económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental, colocando a la igualdad en el centro del desarrollo.

La crisis del COVID-19 ha puesto una vez más a la política fiscal en el centro de los debates del desarrollo y crecimiento.

Debemos ser capaces de reflexionar en ello.

La región necesita mantener una política fiscal expansiva en un marco de sostenibilidad fiscal, con una mirada estratégica clara en los ingresos públicos, para lograr niveles de crecimiento y empleo sostenibles.

Adicionalmente, el proceso de reconstrucción y transformación requerirá de más y mejor Estado, que promueva una política de inclusión y prevenga la erosión de la sociedad como resultado de la exclusión, fortalecido institucionalmente, ágil para resolver los problemas, con instrumentos adecuados a la época y los desafíos.

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La CEPAL proyecta una caída promedio del PIB del -9,1% en 2020, un incremento de la desocupación, en torno al 13,5% (44 millones de personas); niveles de pobreza que alcanzarán a 231 millones en 2020, cifra que representa el 37,3% y de ellos 96 millones caerán en pobreza extrema. Esto nos hablan de un enorme retroceso, de una grave crisis que se agudiza ante la gran informalidad del mercado laboral.

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Señoras y señores cancilleres, ponemos a su consideración un conjunto de ideas que hemos expuesto en el documento: “Reconstrucción y transformación con igualdad y sostenibilidad en América Latina y el Caribe”

En primer lugar, vemos que la política fiscal ha vuelto a estar en el centro de las discusiones del desarrollo y el crecimiento, el uso del gasto público ha constituido la herramienta central para mitigar los efectos económicos y sociales de la pandemia, con un esfuerzo fiscal promedio en la región de un 4,1% del PIB dirigido a fortalecer los servicios de salud y a paliar los efectos económicos y sociales de la crisis. Incluyen medidas de apoyo a los hogares vía ingresos básicos de emergencia y apoyos a la micro, pequeñas y medianas empresas.

En segundo lugar, debemos destacar la importancia de la dimensión financiera y monetaria para enfrentar la crisis. Dados los altos déficits fiscales, muchos países han debido buscar apoyo externo. Entre marzo y junio de 2020, 11 países colocaron bonos soberanos en los mercados internacionales por un monto total de 24.812 millones de dólares a bajas tasas de interés. Además, la mayoría de los países de la región —16 países de América Latina y 9 países del Caribe— complementaron sus necesidades de financiamiento con fondos de emergencia de las instituciones financieras internacionales, cuyo monto alcanzó los 22.587 millones de dólares.

Preocupan los pequeños Estados insulares en desarrollo del Caribe, altamente endeudados, considerados de renta media, lo que limita su capacidad de acceso a financiamiento concesional. Esto se suma a su alta vulnerabilidad frente a  desastres naturales. CEPAL ha planteado la necesidad de avanzar en mecanismos de alivio de la deuda (por lo menos del 12% de su deuda total que asciende a 57 mil millones de dólares), junto con la creación de un fondo de resiliencia del Caribe para financiar la inversión en adaptación al cambio climático. Por otra parte, los países de Centroamérica enfrentan un reducido espacio fiscal, muchos también considerados de renta media, con importantes déficits que limitan el pago efectivo del servicio de la deuda, por lo que la comunidad internacional debería considerar especialmente el alivio del pago de intereses de la deuda, por lo menos hasta 2021 y darle consideración a la propuesta de Costa Rica denominada FACE que consiste en un Fondo de Alivio a la Economía de Covid-19 de 516 mil millones de dólares que otorgarían los países desarrollados a países en vías de desarrollo independientemente de su nivel de ingreso per capita, sin condicionalidades, con bajos intereses y plazos largos.

Nuestras estimaciones indican que la crisis va a durar más de lo esperado y no recuperará niveles de crecimiento precrisis antes del 2023.

Sugerimos por ello, que será necesario mantener una política fiscal expansiva en el marco de la sostenibilidad fiscal con una mirada estratégica respecto a los ingresos públicos. Es esencial avanzar en nuevos pactos fiscales que incluyan medidas para mejorar la suficiencia, eficiencia y progresividad de los sistemas tributarios de la región. Existen una serie de opciones —entre las que se destaca el combate enérgico respecto a la evasión y elusión fiscal que asciende a 6,1% del PIB en la región y analizar la renuncia tributaria que asciende a 3,7%. Se trata de terminar con la cultura de los privilegios en materia fiscal que permita impulsar una presión tributaria progresiva en la medida en que la actividad económica se reactive.

En materia monetaria, proponemos continuar el uso de políticas expansivas convencionales y no convencionales. Los Bancos Centrales deben mantener la visión pragmática que han tenido durante la crisis para ampliar el conjunto de herramientas que tienen a su disposición, es decir, complementar las herramientas convencionales (tasas de interés más bajas) con otras no convencionales (compra de activos públicos, financiamiento directo a las arcas fiscales) para alcanzar niveles de liquidez adecuados para el financiamiento de una nueva estrategia de desarrollo. Además, deben velar por la estabilidad macrofinanciera de las economías de la región, especialmente en términos de inflación y regulación macroprudencial de los capitales.

Debemos dirigir recursos fiscales hacia inversiones públicas sostenibles, intensivas en la generación de empleo; promover las asociaciones público-privadas de las inversiones incorporando fundamentos ambientales y sociales.

Debemos avanzar con un nuevo impulso de la política industrial para el desarrollo sostenible y la revitalización de la integración regional. La organización de las cadenas productivas internacionales que se consolidarán con el regreso a la actividad y la reactivación modificarán la interdependencia de la economía mundial. Es necesario contar con políticas que, de forma deliberada, favorezcan a sectores y cadenas productivas y de servicios, modificando las señales para cambiar el patrón de especialización de la economía. Ejemplos de ello son las industrias de la salud (equipos y fármacos) la energía y la economía digital. Argentina y México nos han brindado alternativas en la producción y distribución de la vacuna en coordinación con la Fundación Slim, AstraZeneca, involucrando industrias nacionales de cada país.

Sostenemos la necesidad de avanzar en la dirección de construir un Estado de bienestar social. Para proteger las condiciones de vida de toda la población es imprescindible avanzar hacia el trabajo decente, fomentar la corresponsabilidad en los cuidados entre el Estado, el mercado y las familias, y promover el acceso universal a la protección social, asegurando el acceso de todas y todos a sistemas de salud y pensiones de calidad.

Es el momento de implementar políticas sociales universales, redistributivas y solidarias, con enfoque de derechos, para no dejar a nadie atrás.

No debemos olvidar la dimensión territorial y local en el diseño e implementación de políticas para que apoye la modelación y el entendimiento de la profundización de la desigualdad y la exclusión social tanto en áreas urbanas como rurales.

Por último, el fortalecimiento y el desarrollo institucional de los Estados ha sido una pieza fundamental para enfrentar la crisis en la región. Se necesita un Estado fuerte, premunido de recursos humanos, financieros y organizacionales a la altura del desafío, que involucre a los organismos públicos en el diseño de políticas, así como en la supervisión y ejecución de acciones. Con transparencia y rendición de cuentas frente a la sociedad.

Todo parece indicar que la dinámica de recuperación será más lenta de lo proyectado y los costos económicos y sociales de esta crisis podrían seguir aumentando.

En este sentido, una estrategia exitosa para enfrentar la crisis no puede centrarse en regresar a la situación preexistente, sino que debe interpretar la crisis y el fuerte desencanto regional como un punto de quiebre respecto de la continuidad del modelo de desarrollo y, por tanto, exige transformaciones profundas que garanticen un equilibrio entre el crecimiento económico, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental.

Estas transformaciones requerirán avanzar en pactos políticos y sociales construidos con la amplia participación de muchos actores, que mediante el diálogo y liderazgos transformadores permita avanzar hacia consensos para universalizar la protección social y reorientar el desarrollo sobre la base de la igualdad con políticas fiscales redistributivas, industriales y ambientales para la sostenibilidad.

La solidaridad regional e internacional será fundamental para reconstruir y transformar con igualdad y sostenibilidad, en favor de un progreso para todos y contribuir con una voz unida a un pacto global para la provisión de bienes públicos tales como la seguridad climática, la salud global (vacuna universal), la paz y la estabilidad financiera.

Es importante recalcar que la Agenda 2030 está hoy más vigente que nunca y que habrá que redoblar los esfuerzos para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible y enfrentar la desigualdad que define a nuestra región.

Sean mis últimas palabras un reconocimiento al canciller de Costa Rica ministro Rodolfo Solano por esta amplísima e histórica convocatoria y por haber liderado la iniciativa de adoptar en esta sesión la Declaración política sobre una recuperación sostenible, inclusiva y resiliente en America Latina y el Caribe. Esta declaración constituye para nosotros la CEPAL, no solo un mandato y guía para desarrollar nuestra misión, sino que también una señal fundamental, de que es posible que la región levante una voz común frente a los desafíos históricos que esta hora crucial nos llama a asumir.

Y me recuerda al filósofo Giani Vattimo cuando dice:

No nos ponemos de acuerdo cuando encontramos la verdad, sino que encontramos la verdad cuando nos ponemos de acuerdo.

Hoy cuando Naciones Unidas conmemora su 75 aniversario, podemos decir que aquí en el marco de la CEPAL el multilateralismo latinoamericano y caribeño, su vocación cooperativa e integradora se ha expresado una vez más de modo fuerte y claro.

Escucharemos con la mayor atención todas y cada una de sus reflexiones. La CEPAL crece y se nutre del dialogo con sus países miembros. Entre todas y todos podemos hacer más y mejor por una recuperación sostenible, inclusiva y resiliente en America Latina y el Caribe.  

Muchas gracias.